La Pureza y Valldemossa

En 1831, momento de pleno esplendor del Colegio de la Pureza, la Rectora, María Ferrer, decidió adquirir una pequeña casa para el asueto veraniego  de las colegialas.  La  puso a su nombre para resguardarse de la desamortización, pero la casa  pertenecía al Colegio. En 1837 estuvo listo el colegio de verano de la calle Son Canonge, gracias a la ayuda de los cartujos y los labriegos de Valldemossa y la financiación por parte del Colegio.

El testamento de Dña. María Ferrer dejaba claro que la casa de Valldemossa pertenecía al Colegio de la Pureza representado por quien fuera su Rectora. Sin embargo, la Rectora que le sucedió, cuya gestión duró seis meses, quiso apropiarse de la misma.

Cuando el Obispo Salvá pidió a Alberta Giménez, a través de D. Tomás Rullán, que se hiciera cargo del Colegio de la Pureza como Rectora  encomendó a ambos que recuperasen a toda costa la casa de Valldemossa para uso del Colegio. No fue fácil, pero desde 1873, niñas y hermanas pasaban allí el verano viviendo intensamente el encuentro con la naturaleza y disfrutando de las bellezas, historia y cultura del pueblo.

En 1880 se instaló en Valldemossa una comunidad fija y, a partir del 17 de septiembre la casa funcionó como escuela para el pueblo de Valldemossa, hasta que se clausuró como colegio en 1953. A partir de entonces volvió a cumplir su función inicial al servicio de niñas y hermanas de los colegios de la Pureza: esparcimiento, descanso, convivencias y colonias de verano, incluyendo paseos a la ermita, al molinito de la Beata  y excursiones al Teix o baños en la Marina…

Realizadas las necesarias ampliaciones, a partir de los años 80, ha sido utilizada también como Casa de Ejercicios, primero para uso de la Congregación y los Colegios y, posteriormente, atendiendo otras solicitudes, como en la actualidad.