Su entorno

Para la Pureza, estar en Valldemossa ha sido siempre mucho más que estar entre los muros de una casa. El 24 de mayo de 1896 Madre Alberta describía en carta a Madre Montserrate Juan uno de los días de asueto pasado en el bello pueblo mallorquín: “El día se ha pasado bien. De todo un poco y de lo bueno mucho. Truenos, granizo y lluvia abundantes; pero ha sido mientras estábamos en las dos Misas rezadas que hemos oído; después, un sol precioso y una temperatura muy bonancible. Al salir del oficio un buen paseo, por la tarde, otro, y desde las seis, otra vez a los solemnes Maitines, solemnísimos Laudes y Trisagio. Acabamos de llegar, y mientras se apronta la cena, pongo estas líneas”.

Refiere la H. Margarita Juan en la compilación de Cartas que “no pocas veces cenaban en alguna fuente o cerca de algún predio o casa de campo”. Y María Arbona Oliver, en la declaración realizada en Palma en 1958 afirma: “No se terminaba el verano sin una excursión a Miramar, ni sin recorrer los sitios santificados por Santa Catalina Thomás”.

¿Qué veían los ojos de Alberta Giménez y de las otras hermanas y niñas que participaban en la colonia veraniega? Un recorrido virtual por Valldemossa y alrededores nos dejará con las ganas de convertirlo en real para que produzca en nosotros el mismo efecto pacificador y elevador del espíritu que experimentaban las primeras hermanas y colegialas.